26Jul

Estos meses hemos vivido una experiencia extraordinaria que a todos nos ha impactado. Europa ha reaccionado, nadie tiene que quedar atrás y el Estado también trabaja en esa misma dirección. Y con ese objetivo, echo en falta que no se hable más de las empresas, pequeñas o grandes, como los actores imprescindibles que son para volver a recuperar la economía del país.

Se ha dicho que la transformación de la economía y de la sociedad van a ser tan importantes que el covid marcará el inicio del siglo XXI. Trabajar desde casa es un aspecto más de esta transformación y ha sido ejemplar lo bien que se ha llevado a cabo en nuestro país. En el sector de compañías de experiencia con cliente excelente CEX, al que pertenece la empresa que presido, hemos medido el nivel de satisfacción y de adaptación de los empleados; los resultados han sido extraordinariamente positivos. Pero, ¿tenemos que deducir de estos que así es cómo queremos trabajar en el futuro? Lo dudo.

Estos meses nos han permitido avanzar con el teletrabajo hasta un nivel que en el mejor de los pronósticos teníamos previsto alcanzar dentro de cinco años. La tecnología nos ha acompañado, hemos superado muchas de las barreras respecto a la seguridad, la calidad y el control del servicio, y sobre todo hemos contado con el apoyo y colaboración de los empleados.
Ahora debemos convivir con la nueva normalidad y es difícil plantearnos cuál va a ser el futuro del teletrabajo. No podemos imaginarlo como una extensión del presente, porque este tiene un nombre y es el covid.

En nuestra empresa, ofreceremos a aquellos que lo deseen y a quienes no puedan desarrollar el trabajo desde casa la oportunidad de volver a la oficina. Teniendo en cuenta las restricciones de seguridad, en cada planta se utilizará como máximo un 30% de las posiciones disponibles. A partir de septiembre, organizaremos turnos para que la mayoría puedan encontrarse con sus compañeros y compañeras en algún momento.

Por tanto, mientras el coronavirus siga entre nosotros, conviviremos en un modelo “híbrido forzoso” que nos obliga a mantener todas las oficinas abiertas para albergar únicamente a una tercera parte de los empleados y a duplicar sistemas y conexiones informáticas. Es importante insistir en este aspecto, porque algunos han pensado equivocadamente que con el teletrabajo las empresas nos hemos beneficiado de grandes ahorros. Sin embargo, en las circunstancias actuales, solo hemos visto incrementar los costes.

Pero vayamos al futuro. El teletrabajo ofrece muchas ventajas a los empleados. Ahorro de tiempo de transporte, posibilidad de conciliar, más flexibilidad y un mayor empoderamiento. Por otro lado, ya disponemos de estudios que presentan las consecuencias psíquicas derivadas del aislamiento, especialmente graves para los más jóvenes.
También indican que el trabajo no presencial tiene un impacto negativo sobre la creatividad y debilita la cultura corporativa.

El futuro modelo de trabajo tiene que aprovechar todas las ventajas de la tecnología, pero no nos olvidemos de las personas ni de su necesidad de relacionarse para su desarrollo y bienestar. Probablemente después de esta experiencia los empleados pedirán flexibilidad para trabajar desde casa de manera regular o puntual. Se abre un mundo de posibilidades que la empresa tendrá que gestionar junto con los empleados. Solo superada la crisis del covid, el modelo híbrido de trabajo en casa y en la oficina será libre y sin restricciones de seguridad y solo entonces la empresa podrá reducir los metros cuadrados de oficinas y ampliar espacios para favorecer el trabajo en grupo y las reuniones.

En sectores como el nuestro, con horarios de atención y con un número muy elevado de trabajadores, es imprescindible que esa flexibilidad sea compatible con un estricto cumplimiento de los turnos acordados. Sería imposible ajustar los costes de tecnología y alquiler, por ejemplo, si no supiéramos en cada momento el número de personas que asistirá a su puesto de trabajo.

El teletrabajo ofrece posibilidades que hasta hoy estaban más cerca de los sueños que de la realidad. Vivir en lugares más tranquilos con alquileres más asequibles, trabajar en un horario adaptado a las necesidades personales, disponer de más tiempo para disfrutar de la familia y de los amigos, reducir el nivel de stress y, sobre todo, adaptar el trabajo a las posibilidades de cada uno. Las empresas también pueden beneficiarse de esta flexibilidad garantizando las condiciones de trabajo y los derechos de los trabajadores.

Pero cuando se legisle el teletrabajo, es importante hacerlo en beneficio de todos. Únicamente entonces lograremos acordar unas normas que protejan a los trabajadores, pero que no lo invaliden como modelo de negocio. Sería una lástima perder esta oportunidad que nos hemos ganado.